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martes, 22 de enero de 2008

Budismo y la idea de Dios-Creador

Os dejo aqui una reflexión acerca de este controvertido tema

No es que el budismo niegue la teoría de un Dios-Creador, pero considera la hipótesis no sólo innecesaria, sino también incompatible con los hechos conocidos. Si para poder existir el mundo debió haber tenido un creador que lo antecediera, ¿cómo es que este mismo creador llegó a existir, y por medio de qué leyes estaba gobernada su naturaleza? Si tal ser fue capaz de existir sin un creador, la única razón para asumir su propia existencia es removida, porque el mundo mismo puede igualmente existir sin una causa que le anteceda. ¿Pudiera decirse entonces que el universo y el proceso de vida tuvieron algún comienzo, o estamos obligados a pensar en términos de comienzos sólo debido a las limitaciones de nuestra propia mente?

Un comienzo de cualquier hecho, es un evento que tiene que suceder en un punto específico del espacio y del tiempo. No puede ocurrir en el vacío sin tiempo porque las tres condiciones del tiempo -pasado, presente y futuro- que son necesarias para que suceda cualquier evento, no pueden darse en un estado sin tiempo. Para que cualquier evento suceda, debe existir el tiempo antes de que suceda (pasado); el tiempo en que sucede (presente) y el tiempo después de que sucede (futuro). Pero el tiempo es todo él un concepto relativo: deben existir eventos sucediéndose para hacer posible que el tiempo exista, y es sólo a través de ciertos eventos sucediéndose regularmente, tales como la rotación diaria de la tierra y los cambios de estaciones, como el tiempo puede ser conocido y medido.

El acontecer de eventos necesita de la existencia de cosas. Por cosas quiero decir objetos que ocupan espacio y que por sus movimientos entre sí marcan no sólo divisiones en el tiempo, sino también áreas medibles en el espacio.

Espacio y tiempo son entonces una unidad; un todo cualitativo con partes cuantitativas o relaciones. Podemos considerarlas por separado, pero no podemos adelantar ninguna declaración sobre una que no involucre en cierta manera a la otra. En una pincelada ésta es la base de la teoría de la relatividad. El conocimiento del espacio y del tiempo depende de la conciencia y de la posición sin ningún punto fijo de observación. El movimiento espacial y temporal es común tanto al observador como al objeto observado, de tal manera que lo que puede ser conocido no es una "cosa" sino simplemente una relación.

Cuando esto es comprendido se desprende que nunca pudo haber existido un comienzo –un origen que surge de la nada– del universo o del proceso de vida. Es cierto que el universo como lo conocemos se desarrolló de la materia dispersa de un universo previo, y cuando desaparezca, sus restos, a la manera de fuerzas activas, darán nacimiento, después de un tiempo, a otro universo en exactamente la misma forma. El proceso es cíclico y continuo. El complejo espacio-tiempo es curvo, y en una construcción curva de interrelaciones no puede haber un punto de origen o salida, de tal manera que en estas series de causas relacionadas es inútil buscar una Causa Primera.

Tenemos la tendencia a buscar primeras causas y las pensamos necesarias sólo porque nuestras mentes están condicionadas a la relatividad temporal y espacial; la mente, por su propia naturaleza, debe operar dentro del mecanismo del cual es ella misma una parte; sólo puede tratar con relaciones. Esta es la razón por la que se dice en textos budistas –"no es posible descubrir el origen de los fenómenos, y no se puede encontrar el origen de los seres obstruídos por la ignorancia y entrampados por el deseo ".

De la misma forma que un universo da origen a otro a través de la energía residual que continuamente se renueva a sí misma –eso es, por medio del principio de la indestructibilidad de la materia– en esta misma forma la vida de un ser da origen a otro ser que no es el mismo en identidad y que no implica un ser inmutable, permanente. Aquello que los une es llamado en el budismo "kamma", o actividad volitiva; la continuación del proceso causal es llamada "samsara", o los ciclos del renacimiento; la actualidad del renacimiento y de la existencia sin ningún principio permanente de identidad o ser es llamada "anatta".

Cuando se dice que los ciclos del mundo o períodos del mundo, conocidos en el budismo como kappas, son de una duración inmensurable, debe ser recordado que todos los conceptos de tiempo son relativos; los medimos desde nuestra propia posición. En un contexto espacial inmensurablemente más vasto, el contexto del tiempo se alarga correspondientemente, de tal manera que eventos que cubren millones de años con nuestros cálculos, pueden ser medibles en términos de segundos. El cerebro puede enredarse con el concepto de infinitas construcciones espaciales-temporales que encajan o se impregnan entre sí interminablemente en todas direcciones, pero no está totalmente fuera de las posibilidades de la imaginación humana.

Aparece con bastante frecuencia en el pensamiento budista; hay un número infinito (expresado convencionalmente como "diez mil", o "incalculable") de universos y treinta y un planos de existencia que tienen amplias diferencias en la medida del tiempo.

Lo que es impensable es un estado no-causal donde ni el espacio, ni el tiempo ni los eventos tienen existencia alguna. Esto tiene que ser comprendido por medio de la percepción directa, lo que significa deshacerse de las cadenas de la relatividad y de sus conceptos y procesos, y contactar dentro de uno mismo el "asankhata" o elemento incondicionado. La mente pensante, racional y discursiva, al agotar su exploración de los fenómenos y descubrir que todos ellos son impermanentes y carentes de realidad esencial, debe trascender este mecanismo, parar los impulsos generativos, y así producir la liberación final de todos los procesos. Esta liberación final es llamada Nirvana.

martes, 15 de enero de 2008

Otra vez más...

Vivimos en una época de nihilismo moral y un culto ciego a la tecnología, mezclados con el rechazo a la dimensión espiritual de la vida. Televisión, películas, informática, juegos de ordenador, internet, la llamada inteligencia artificial, modernas telecomunicaciones, etc..... he aquí los ‘dioses’ de nuestro tiempo.

Nuestros líderes están en la más absoluta ruina moral, simulando piedad y lástima, cuando son unos hipócritas sin escrúpulos ni vergüenza, y carecen del más mínimo sentido de la espiritualidad. Vivimos en una época en la que los profesores universitarios y los científicos, incluso algunos premios Nobel denigran la espiritualidad, se ríen de la religión y se arrodillan ante el altar de la ciencia y el materialismo ultra-moderno.

Pasamos por una etapa en la que no existe ni respeto, ni mucho menos disciplina, empezando por lo más básico que es la familia y el colegio. Estos se han convertido en un lugar de transición social obligada, perdiendo en gran parte, si no del todo, su labor docente, educativa en los valores éticos.

Las familias, o al menos la idea de familia se está desmoronando, dejando paso a una idea abstracta de la misma, en la que todo vale, con tal de encajar en una pretendida modernidad y un cambio evolutivo de la sociedad. Se nos vende la idea de que las familias monoparentales son algo normal, cuando ello contradice la más elemental ley de la naturaleza. ¿Dónde queda aquí el equilibrio educativo?

Vivimos tiempos de abandono de los templos, iglesias y sinagogas, donde muchos de los representantes de las religiones y creencias, se erigen a si mismos como salvadores del mundo, difundiendo sus ideas personales para crear odio, fanatismo y rencor.

Vivimos un tiempo donde el máximo referente de la televisión son los ‘reality-shows’, en los que unos personajes exponen, a cambio de dinero, sus más bajos instintos y entrañas, para ser devorados por un público vulgar, ávido de ver y disfrutar con los ‘males y desgracias ajenas’.

Presenciamos como se utiliza el derecho a la vida, con fines publicitarios y políticos, donde una mujer en estado vegetativo, se convierte en moneda de cambio y presión social, para ser utilizada según conveniencia política de unos o de otros.

“Cuando el sabio señala con el dedo a la luna,

lo único que ve el necio es el dedo”...

Una creencia religiosa, según mi criterio, no es una confirmación de la realidad, de nuestra realidad, o de la realidad colectiva de un grupo, sino que es un concepto que trasciende la comprensión del pensamiento humano. Es como un dedo apuntando la Luna. Lo que ocurre, es que muchas personas religiosas no ven más allá del estudio del dedo. Otras se dedican a chuparlo, venerarlo y mistificarlo...

Muchos lo usan para señalar con él a otros que miran en otra dirección, y para hacerles daño.

Otros lo usan para sacarse los ojos, como los fanáticos, a quienes la religión ha dejado ciegos.

Muy pocas personas con creencias religiosas, son lo bastante objetivas como para observar lo que el dedo está señalando. Y estas personas, que han superado la creencia, se las tacha de blasfemas, se las señala con el dedo....

Porque, vuestras creencias pueden ajustarse a vuestra mentalidad, pero ¿encajan realmente con los hechos cotidianos?

Porque, muchos se pasan la vida filosofando sobre sus creencias, religiosas o no, pero, de todo lo que dice, ¿cuánto encaja con sus propios actos?

De alguna manera, la religión, que no las creencias, son como los refugios de nuestra ignorancia. Son como profundos lagos en los que se sumergen las cosas que nuestra mente racional no puede entender. Y una vez sumergidas, desaparecen de nuestra vista; Nos creemos que el problema está resuelto y que lo hemos asimilado. Es un área, que no debemos comprender, pues es ‘dogma de fe’, y eso es inexplicable. Y esto es un gran error, pues siempre estaremos cegados por el reflejo en la superficie de ese lago, sin dejarnos ver lo que hay debajo.

Las celebraciones de año nuevo casi siempre llevan a la par unos deseos de profundos cambios en nuestra forma de vida. Nos hacemos firmes propósitos de cambios, que supuestamente van a producir una mejora en nuestra vida. Con mucho entusiasmo afrontamos esas fiestas, participando de ritos y creencias populares diversas.

Yo lo veo como el estreno de una nueva película. Antes se produce un gran interés por verla, y el marketing se encarga de ello. La gente habla de ella, se escriben muchos artículos en prensa y finalmente se produce el estreno (31 Diciembre). La película es fantástica y nos ha gustado mucho. Pero seguro que al cabo de varias semanas ya no tiene el menor interés.

Lo mismo sucede con los buenos propósitos de cada año; conforme pasan las semanas, vamos perdiendo el interés hasta que volvemos a nuestra rutina anterior. y todo sigue igual, una año más, y otro, y otro...

sábado, 5 de enero de 2008

Felicidad (1)

Extracto de una entrevista publicada en la revista "Salud" en el año 2001. - (1ª parte)


- ¿Qué es para ti la felicidad?...

R – La felicidad es para mi, un concepto, la consecuencia última de nuestros actos, sean estos correctos o no, y al mismo tiempo, un estado mental que te permite servir de vehículo para tratar de comprender mejor tu vida. La felicidad, es en verdad un Arte, una manera de vivir. Es en realidad, la meta que todos, conscientemente o no, buscamos y ansiamos conseguir, y cuyo fracaso en la búsqueda nos conduce al polo opuesto, la infelicidad. Ésta última es solo la consecuencia de una errónea comprensión de la primera.

Y quizás, una manera de no encontrarla es precisamente cuando nos planteamos metas, es decir, alcanzarlas. Debemos entender que no existe ninguna meta, sino que son etapas continuas, que siempre tienen tramos por recorrer. Una realidad es que la ‘meta’ (por definirlo de alguna manera) está en la propia búsqueda, y no en encontrar nada. hay una frase que dice: "Al final del camino, siempre hay otro camino".

Un símil sería como el tratar de alcanzar el horizonte; Este siempre estará al alcance de nuestra vista, pero nunca podremos “llegar” a él, por mucho que caminemos en su dirección. El horizonte simplemente está en nuestros ojos, en nuestra mente. Es una idea abstracta.

La felicidad permanente e inmutable no existe (excepto para aquellos que han alcanzado la iluminación); Es solo una ilusión más de nuestra mente. La felicidad es efímera y momentánea, - ¡zas! - como un chasquido de los dedos, como una pompa de jabón. Esta existe solo en ese preciso instante.... y es en ese instante, cuando podemos disfrutar de ella,.... y cuando se desvanece en el aire, deja de tener importancia, deja de tener razón de ser. Se ha convertido en un recuerdo; algo con lo que mucha gente vive, sin comprender que están muertos, que carecen por lo tanto, de posibilidad de cambiar algo en el presente. Es decir, que no tienen consecuencias en nuestra evolución. Los recuerdos nos atan al pasado, que es un tiempo muerto, y por lo tanto no existe. Son nuestros pensamientos acerca de los recuerdos, los que funcionan, están vivos, porque existen ahora, en nuestro presente. Hay mucha gente que vive con los recuerdos, mientras piensan en el futuro; así se olvidan de vivir en plena conciencia el ahora, el presente.

"Quizás entendería que una forma de felicidad es ser consciente, tomar conciencia de nuestro ser y nuestras circunstancias."

Es como aquella persona que mira una foto y pretende que las cosas en esa imagen se muevan, que tengan vida.

Un niño es feliz con su juguete nuevo, hasta que de pronto, pierde todo el interés por el. Si estuviese jugando con él 24 horas seguidas, se cansaría rápidamente. Con los adultos sucede lo mismo; no podemos estar constantemente de júbilo, felices y radiantes. Acabaríamos agotados en muy poco tiempo. Esto es así, porque en el fondo, todo esto nos llega desde el plano emocional, que está en constante cambio.

No puedes ser cada vez más feliz, puesto que la felicidad no se puede acumular. Sería como pretender acumular tiempo... Debemos aprender a saber disfrutar de esos momentos, sin tratar de etiquetarlos, retenerlos, comprarlos o venderlos. Es lo que muchos denominan como “vivir el momento”, sin comprender realmente la dimensión de este concepto. Comprender esto, es la clave que te lleva a ver por primera vez, lo que siempre has estado mirando. Nada cambia, solo tu forma de verlo todo....

Ni tan siquiera se puede evaluar el grado de felicidad que tiene cada uno. Eso es imposible. (te imaginas alguien que te diga: “tengo 7,2 grados de felicidad”... ridículo, ¿no?)

De ahí que, muchas veces preguntar –“¿Eres feliz?” , es un poco absurdo, pues creo sinceramente que la respuesta no la conocemos muy bien.

Muchos buscan la felicidad de forma equivocada, exclusivamente en lo material, cuando en realidad solo se trata de comprender. No eres más feliz porque tienes más cosas; Solo tienes ..... más cosas. La ilusión de esa falsa felicidad te lleva al deterioro de tu alma, y cada vez, necesitas más y más cosas materiales. Acumulas cosas, no felicidad. Estás cada vez más atado a las cosas. Adherimos nuestros sentimientos, nuestras emociones y nuestros valores a las cosas materiales; las adherimos como etiquetas, .... y cuando esas cosas se deterioran, rompen o desaparecen, desaparece también un poco de nosotros con ellas. Y las queremos reemplazar inmediatamente por otras, para llenar ese vacío, ese hueco. Y eso nos afecta de sobremanera. Es la ley de la causa – efecto del budismo.

Con el apego a lo material sucede lo siguiente; muchas veces ansiamos tener un determinado objeto (pongamos un florero). Nuestros pensamientos giran en torno a la manera de poder obtenerlo. Si nos cuesta conseguirlo, incluso nos genera ansiedad. De pronto, conseguimos el dinero suficiente para poder comprarlo, y nuestra ‘felicidad’ es enorme! Lo adquirimos y lo colocamos en una bonita vitrina... ya está! Al cabo de un corto lapso de tiempo, ya hemos perdido el interés por el objeto. No sentimos nada cuando lo miramos (porque ya es ‘nuestro’, como si formara parte de nosotros) y se ha convertido en algo que ocupa un espacio. Nada más. Lo que realmente nos satisface es el hecho de ‘poder’ tenerlo, no el tenerlo. Por lo tanto, no es el objeto en sí lo que deseamos, sino la sensación que nos produce todo lo relacionado con él, es decir, desearlo, comprarlo, sentirnos dueños de él, etc.

Si ese objeto, por alguna circunstancia se rompe, de pronto nos sentiremos afligidos y nos dolerá su perdida.

Quizás, la felicidad pueda llegar si te desprendes de muchas de estas cosas materiales. Quizás deberíamos aprender a contentarnos con lo que tenemos... Definitivamente, hay que desprenderse del deseo.

Y este mismo parámetro se puede aplicar al plano de los sentimientos y emociones, porque en definitiva, todo es la misma cosa.

Deseamos tener, poseer a una persona. Nos enamoramos perdidamente, a veces sin ni siquiera ser correspondidos. Todo de esa persona nos parece maravilloso al principio, y carecemos absolutamente de la capacidad de ver sus aspectos negativos. Solo queremos ser parte de su existencia y el/ella, de la nuestra. Pero he ahí, que al poco de haber conseguido ese amor, y cuando la pasión ha de dejar paso a otras emociones y sentimientos, empezamos a perder interés. Total, ya hemos conseguido lo que buscábamos en el fondo. ¿No es esto una forma de demostrar que lo que realmente queremos y deseamos no es otra cosa que la sensación que nos produce amar, y no la otra persona en si?...

(continuará)

viernes, 4 de enero de 2008

Un mundo enfermo

UN MUNDO ENFERMO

(basado en un texto del libro de MTC “Entre el cielo y la tierra”

Durante mis meditaciones en China, tuve la ocasión de descubrir ciertas respuestas a mis eternas preguntas acerca de mi atracción por esa cultura milenaria. Algunas respuestas se colaron en mi mente, y cierto tiempo después llegó a mis manos un libro sobre medicina china, que dio forma definitiva a esas respuestas. De alguna forma, todos necesitamos confirmar nuestras teorías y pensamientos.

Muchas veces he llegado a la conclusión que nuestra constante insatisfacción es debida a que vemos cómo están todas las cosas, tanto personales, como sociales. Nos enfrentamos constantemente a crisis ambientales, políticas, económicas y de salud que están poniendo a prueba nuestras percepciones, valores y creencias profundas. Nos sentimos ocasionalmente profundamente frustrados e impotentes ante tanto acontecimiento, que por otro lado, personalmente creo que tendría solución; Eso subjetivamente, porque objetivamente, y por desgracia no la tiene.

Nos damos cuenta de que determinadas sustancias son tóxicas para nuestro organismo;..... y seguimos consumiéndolas. Sabemos que el tabaco y el alcohol provocan importantes problemas de salud, que un accidente nuclear en Chernobyl extiende sus efectos hasta las granjas de Noruega, que los pesticidas con que se rocían las viñas perjudican la salud a los hijos de los agricultores. Que la tan aireada ayuda militar a El Salvador promueve la sistemática violación de los derechos humanos. Que la eliminación brutal de los bosques tropicales altera la temperatura del planeta. Y así cientos de conflictos, a los que denominamos problemas aislados, reduciendo los rompecabezas completos a meras piezas separadas, ignorando la verdadera relación entre las partes. Veneramos los nombres y despreciamos los verbos. Glorificamos las cosas en sí, y miramos con desprecio los procesos que estas producen o que son causa de los mismos.

¿Se puede remediar el que cientos de millones de niños sufran el riesgo de perecer durante ésta década por falta de alimentos y medicinas? ¡Seguramente que sí! ¿Cómo se entiende, que uno de cada seis niños de los Estados Unidos, el supuesto país más rico del mundo, viva en la pobreza? Que nos vendan los misiles cargados con armas nucleares, “pensados” como “guardianes de la paz”, merece cuestionarse muy seriamente. Pero, lamentablemente, no los tenemos en el jardín de nuestra casa. Parece que no va con nosotros la cosa.

Nuestras prioridades, nuestros valores y modelos conceptuales, están clara y gravemente enfermos. Y la sociedad, que no el mundo, está condenada al fracaso más estrepitoso. Desoímos la madre naturaleza, que nos dio la vida, y la llevamos a la destrucción total.

Actualmente, la llamada civilización intensifica cada vez más su complejidad, y nuestras vidas diarias se ven compartimentadas. Nos vemos obligados a mantener ocultas nuestras emociones cuando estamos trabajando Y ya desde niño, se nos enseña a hacer callar nuestros cuerpos. Nuestra vida espiritual (quien la tenga) se ve a menudo relegada por la urgencia de la supervivencia económica. O bien nos enfrascamos en conceptos, metafísicas y demás parafernalias que se ponen de moda, y pretendemos cubrirlo todo con un halo de misticísmo, que no nos conduce a nada, y que nos aparta de la verdadera esencia de la espiritualidad. Muchos suelen hablar mucho sobre estas cosas, pero luego aplican muy poco o nada de lo que dicen hacer. Es una filosofía y espiritualidad de escaparate.

Cierta vez, un discípulo acompañó al Maestro a presenciar la puesta de sol desde lo más alto de la montaña. El discípulo iba todo el rato comentando entusiasmado, las maravillas que les rodeaban. Al llegar a la cima, justo cuando el astro rey comenzó a acariciar el horizonte, llegaron a la cima. Se sentaron en la posición de loto, disponiéndose a disfrutar del espectáculo de la naturaleza. El discípulo no paraba de hablar, mientras que el Maestro permanecía en absoluto silencio. –“Que paz tan maravillosa se puede percibir. ¡Mira, Maestro, que pájaro más hermoso! Y qué silencio tan sobrecogedor. Esta es una experiencia sublime, y me siento extasiado de paz y felicidad.” – comentaba sin cesar el discípulo. Finalmente, el Maestro, sin perder su amable sonrisa, se giró hacia su discípulo y le dijo: - “Mientras estés hablando sobre el silencio, este no se producirá. Mientras hables sobre la paz y tranquilidad, esta huirá de ti. ¿Cómo puede un pájaro posarse en su nido, si este está ya ocupado por intrusos? Vacía tu mente y permanece en silencio y solo entonces comprenderás todo lo que estás preguntando.”

Aisladas del apoyo de la comunidad, las familias ya no llevan la casa ni crian a los niños colectivamente. Muchos padres no viven en la misma casa con la madre, y gran parte de ellos no participa en la vida de sus hijos. El significado de familia y de comunidad se ha vuelto muy confuso, de envoltura frágil. Yo diría que se está desintegrando rápidamente. La idea de familia pierde su esencia, cuando vemos situaciones de niños cuyos “padres y madres” son ambos del mismo sexo. Y el problema, la raíz de la enfermedad es que se pretenda vender esta situación como algo natural (Y moderno, progresista, etc.)

En seguida nos dejamos conducir al conformismo, desalentados de trazar los mapas que puedan guiarnos hacia la búsqueda en colaboración de un cambio fundamental. La educación se centra en enseñar a los niños a aceptar, a competir y conformarse más que a cuestionar, a colaborar y a inventar. Siendo jóvenes no aprendemos a buscar nuestra propia voz ni a poner a prueba el valor de lo que se nos da por sentado. Devoran todo lo que la sociedad les ofrece, sin pararse a pensar en el valor de lo que están haciendo. Se convierten en voraces (y rentables) consumidores de la sociedad materialista.

Al tener que escoger continuamente entre opciones alternativas mutuamente excluyentes, dividimos nuestro mundo en ganadores y perdedores, amos y esclavos, superiores e inferiores, ricos y pobres. Tales divisiones jerárquicas se ven reforzadas por una falsa moralidad interesada. Escogemos entre lo que es bueno para mi mente o para mi cuerpo, para mí o para ti, para mi negocio o para el ambiente, para la seguridad de mi país o para la vuestra, medios y fines, pavoneándonos y maldiciendo para defender lo que decretamos arbitrariamente como el lado correcto de este muro de papel de seda. En vez de honrar nuestras diferencias étnicas y de género con el respeto mutuo, confundimos la igualdad de oportunidades con la homogeneidad, destruyendo nuestra diversidad e imponiéndonos la banalidad de una monocultura de masas consumistas y materialistas. ¿Dónde está aquí la espiritualidad?.........

jueves, 20 de diciembre de 2007

Bienvenidos!

Os doy la más cálida bienvenida a este nuevo espacio que he abierto en este medio etéreo, con el objetivo de compartir inquietudes, sentimientos, filosofía y muchas emociones. Es solo el comienzo; como un pequeño riachuelo, que espero que, con la aportación de todos cuantos lo lean, pueda convertirse en un caudaloso río, en el que muchos puedan saciar su sed de conocimiento y de comunicación.